Una aventura empieza para nosotras en 1231

Dos hermanas deciden poner sus bienes a la disposición de los pobres.
Abren una hospedería en la ciudad de Tournai, en Bélgica, delante de la iglesia de San Nicolao, en la orilla derecha del río Escalda.
Acomodan y alimentan gratuitamente a los pobres que representan: personas de pasaje, peregrinos o viajeros que caminan por el país y que podrían, al caer la noche, encontrar abrigo en la hospedería.
En el siglo XIV, poco antes de 1329, cuando la peste, el hambre y las guerras empiezan a destruir a la población y a impedir los viajes, la hospedería, además de acoger por una noche, recibe fundamentalmente a los enfermos, adquiriendo a las características de los hospitales de la época. Su capilla es consagrada al apóstol André.
Conocimos los nombres de tres hermanas de esa época: Marie Flokette, Pérone de Le Monte (priora) y Jeanne Gargate.
Ellas no pueden pasar el número de 6, “para no comer el bien de los pobres.”
En el año de 1409 una inundación obliga a las prioras Isabel de Le Mot y Marie de Corbehen a reconstruir el hospital y convertirlo más amplio.
Esta última consigue del Obispo de Cambraí la suspensión por algunos años del decreto limitando el número de religiosas y, así, una docena de jóvenes adentran en el noviciado.
Marie de Corbehen se pone a rever la Regla y los Estatutos.
Son redactadas también las costumbres, y la espiritualidad de esa comunidad que quien servir a los pobres y pertenecer enteramente a Dios.

La vida contemplativa

De espacio, los poderes públicos van organizando y garantizando el acogimiento de los enfermos que son reagrupados en dos grandes hospitales de manera que, en 1589, el hospital ya no responde a una necesidad.
Las hermanas, deseosas de una vida contemplativa y, sobre el impulso de Marie de La Chapelle, se convierten en monjas y son reconocidas como tales en 16 de septiembre de 1611.
Después de la muerte de la priora, en 1640, se percibe la necesidad de ponderación en los ejercicios de penitencia, ayunos y vigilias.

Primeras influencias ignacianas

En 1643-44, el cura Antoine Civore, de la Compañía de Jesús (1608-1668) modifica los antiguos estatutos.
Son regidas las nuevas constituciones acentuando aun la nota de caridad fraterna tan presente en la regla de San Agustín, pero dedicando grande parte a la vida de oración forjada en los Ejercicios Espirituales.

Persecución y dispersión de las hermanas

La persecución desencadenada por la revolución Francesa haz con que en 1796 los jacobinos intenten desacreditar la vida religiosa diciendo que “los monasterios encierran solamente victimas consumidas por disgusto”.
Marguerite Hauvalert y sus 24 hermanas protestan: “Se aún fuera preciso elegir entre el siglo y el claustro, no había ninguna de nosotras que no confirmase con alegría su primera escoja.”
Además de eso, las hermanas fueron expulsadas y tuvieron las casas confiscadas.
Entonces van a vivir a la consagración en la clandestinidad.

Recomenzando bajo nuevo impulso

Consiguen retomar la vida comunitaria en 1810: las hermanas eran 10.
Hacen votos de castidad y de obediencia y guardan las antiguas reglas aquello que pueden observar.
Se dedican a la educación de la juventud abriendo una escuela gratuita y un internado pago, lo que les permite alcanzar varias personas y equilibrar las finanzas.
Flavie Delattre (1818-1848) retoma la obra de Maguerite Hauvarlet y obtiene el reconocimiento oficial de la comunidad como Congregación Religiosa.
En 1837 las once primeras “Dames de Saint-André” hacen votos perennes según la regla provisoria de inspiración ignaciana.
En 14 de abril de 1857, bajo el gobierno de Henriette de Sauw (1850-1862). Monseñor Gonella, nuncio apostólico de Bélgica, promulga canónicamente a las nuevas Constituciones, cuyo objetivo esencial es “buscar en todas las cosas Dios nuestro señor… amándole en todas las criaturas y todas las criaturas en Él, según la santísima y divina voluntad.” (Const.249)
De esta manera, la comunidad toma la orientación apostólica nacida de los Ejercicios Espirituales, en que oración y acción se sostienen una a la otra y se traducen en disponibilidad por todo servicio en la Iglesia.

Primeras fundaciones

Según las necesidades del siglo XIX, la comunidad se dedica sobre todo a la instrucción y la educación, siempre atenta a propiciar un clima favorable a la fe y así, simultáneamente a las obras de enseñanza, se desarrollan los catecismos, las congregaciones piadosas, los retiros para las obreras.
En este espíritu surgen las primeras fundaciones: Bruges, Bélgica en 1859; Jersey, Inglaterra, en 1863, y después en Londres, Charleroi, Bélgica, en 1884.
En 1914, las hermanas llegan a Brasil, Jaboticabal, con deseo de contribuir en la obra de la educación.
El envío de las primeras misioneras para el antiguo Congo Belga acontece en 1932.
Hasta cerca de 1960, permanecen como prioridad la educación y la enseñanza, no excluyéndose los trabajos pastorales más distinguidos: acogimiento de estudiantes para retiros, catequesis, etc.
En 1970, en Francia, las hermanas se establecen en Ameugny, cerca de Taizé.
El acogimiento a los jóvenes, la animación de retiros y el acompañamiento espiritual, son favorecidos, posibilitando una colaboración ecuménica más directa.
Paralelamente, se desarrolla la inserción en los medios desfavorecidos: alfabetización, hospedaje de extranjeros, atención a los ancianos, cuidados médicos en el tercer mundo.

Para que el mundo crea

La abertura a nuevos desafíos y el arraigo en la tradición eclesial les permite vivir en su propio cuerpo la promesa de unidad: ser señal para que el mundo crea.
Hoy como ayer, ellas desean abrirse para acoger el don que Dios las hizo y seguidamente las haz a lo largo de su historia: de la confianza radical en Dios.


Bibliografía de nuestra historia

LACROIX, Marie-Thérèse. L'hopital St Nicolas du Bruille (Saint-André) à Tournai: de sa fondation à sa mutation en cloître, Louvain, UCL, 1977 (dois volumes).
LACROIX, Marie-Thérèse. Monastère Saint-André à Tournai (1611-1796), Ramegnies-Chin, Editions ARSA, 1996.
LACROIX, Marie-Thérèse. La vie au monastère Saint-André de Tournai, Ramegnies-Chin, Editions ARSA, 1999.
PEYREMORTE, Anne. Raconte-moi Saint-André. Une poignée de femmes à travers les siècles, Ramegnies-Chin, Editions ARSA, 2005.