| La espiritualidad es la señal particular que
da el tono a una comunidad religiosa. Ella es como la perspectiva que
nos ayuda a vivir el evangelio, a tener y comprender la acción
de Dios en sus criaturas y en la historia.
Mismo siendo una congregación muy antigua (1231), somos señaladas
por dos siglos de vida contemplativa y por la experiencia espiritual
de San Ignacio de Loyola.
De su herencia espiritual nos alimentan particularmente los Ejercicios
Espirituales y las Constituciones. Por la experiencia de los Ejercicios
Espirituales renovada a cada año, podemos ponernos diante de
Dios con nuestra misión en el mundo y en la Iglesia y de Él
recibir la luz y la gracia para proseguir o para osar una nueva orientación.
La manera peculiar por la cual nosotras, Hermanas de San André,
vivimos a la espiritualidad inaciana es parte constitutiva de nuestra
identidad, hecha de abertura y de confianza radical en el imposible
que solamente Dios puede hacer.
En el cotidiano nos reunimos para la Eucaristia y para tres momentos
de oración común. En el corazón de nuestra misión,
un tiempo es reservado a cada día a la oración personal,
cuando crece nuestra libertad para servir, para ponernos a escucha de
Dios, para avanzar en el camino del amor.
Señaladas por la radicalidad de la experiencia de Ignacio, traemos
también la gracia propia que Dios nos ha concedido al largo de
nuestra historia y que nos lanza para estar en la pobreza y en la alegria,
disponibles a servicio de cada persona humana, para gloria de Dios.
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