André, del nombre griego Andreas (= Viril), aparece como un hombre generoso, dispuesto, abierto y empeñado. Era hijo de Jonas de Betsaida (Mt 16,17), hermano menor de Pedro. Fue discípulo de Juan Bautista, con lo cual conoció el apóstol Juan y, con él seguió a Jesús, a quién llevó su hermano Pedro (Jo 1, 35-42). Sus intervenciones en el grupo de los apóstoles son pocas, pero, significativas. Delante de la muchedumbre hambrienta, André muestra a Jesús un niño que llevaba cinco panes de cevada y dos pescados (Jo 6,9), como queriendo animarlo a renovar sus prodigios. En la escuela de Juan Bautista, André conoció el esenismo y fue seguramente marcado por la esperanza, mesiánica. Fue él, seguramente, quien ha hecho la pregunta a que Cristo contestó con el sermón escatológico. (Mc 13, 3-37). Por final, André se mostró particularmente abierto al problema misionario; junto con Felipe y en las maneras prescritas por el judaísmo, garantizó buenas disposiciones de los paganes que deseaban acercarse de Jesús (Jo 12, 10-22).
Algunas traducciones suponen que André desarrolló su ministerio apostólico en Grecia y en Asia Menor.

Una tradición: o “no” a los ídolos
La jóven Iglesia de Patras encontró un enemigo férreo en la persona de Egeas, gobernador romano, que no retrocedia delante de las medidas más crueles y inhumanas, para defender la idolatria.
- André, con verdadera franqueza apostólica, se le presentó y dijo: “Exiges de tus súbditos que te reconozcan como juez. Tienes razón. ¿Por qué entonces te recusas a reconocer el supremo Juez, Jesús Cristo, que es juez del mundo entero?
- Egeas contestó: ¿Eres aquel André que derribas los templos de nuestros dioses, y pone tonterías en la cabeza de los simples, para que abracen esa religión supersticiosa, contra la cual los emperadores dieran las más severas órdenes?
- Y André: “Estas órdenes fueron dadas por emperadores que desconocen la verdad; desconocen a Jesús Cristo, el Hijo de Dios, que ha venido a este mundo para salvar los hombres, desconocen, aun, que los dioses no son dioses, pero, despreciables demonios”.
- Y Egeas: “Los judios crucificaron a Jesús Cristo justamente por causa de esta doctrina”.
- André: ¡Ah! ¡Se conoceras el misterio de la Cruz y comprenderas que es Él que, creador de todos los hombres, por amor a nosotros tomó libremente la Cruz sobre sí, para nos salvar!”
- Egeas: “Libremente no, porque fue procesado, preso, condenado y crucificado.”
- André: “?Quién, como él, predijo la muerte?; ¿quién como él predijo aun la manera por que había de morir?; ¿quién, como él, después de muerto, glorioso del sepulcro resucitó?; ¿quién, como él, dijo: ‘Yo tengo el poder de entregar mi vida y de recobrarla’?” Probó esa doctrina con hechos innegables, murió porque quiso: murió libremente y la salvación es un hecho que se impone a creencia de todos”.
- Egeas: “Es un disparate ser discípulo de un crucificado”.
- André: “Si me quisieras oir, yo te explicaría este misterio”.
- Egeas: La muerte en la cruz no es misterio ninguno, antes vergüenza y castigo”.
- André: “Una cosa y otra: un castigo, porque por la muerte de cruz fue sacada la culpa del pecado; misterio porque se tornó hecho la gracia sustituir el castigo, y a los fieles es garantizada la vida eterna.”
- Egeas: “ Con estas tonterías divertirás a los que quieras; yo, sin embargo, te lo digo: Si no dejas esta religión, si no te rendes honra a los dioses, yo te mandaré a la flagelación y a la cruz, ya que le tienes tanta veneración”.
- André: “El sacrifício que día a día ofrezco, no es incienso, no son holocaustos de bues y carneros, mas es el cordero inmaculado, ofrecido a Dios vivo y verdadero. Los fieles beben la sangre y comen la carne de este cordero, que no se muere y a todos dá la vida.”
- Egeas: “ ¿Cómo es posible eso?”
André: Si quieres tornarte mi discípulo yo te lo explicaré”.

A esta invitación de la gracia Egeas contestó con orden de prisión. Después Egeas lavró la sentencia de que el enemigo de la religión y del emperio fuese flagelado y crucificado.
Esta injusticia provocó gran indignación entre el pueblo. Levantado solemne protesto entre amenazas y maldiciones, este exigió de Egeas la libertad del querido pastor André, sin embargo, receloso de perder la palma de martirio, pidió a los fieles que, por el amor de la sangre de Cristo, se abstuviesen de los actos de violencia y no retardasen en el camino de la gloria.
Asi fueron ejecutados a las ordenes bárbaras de Egeas. Llegando al sitio del suplicio, André mirando el instrumento de martirio, dispuesto para recibirlo, saludó con estas palabras: “¡Salva, santa cruz, tan amada y deseada! Sácame del medio de los hombres y entrégame a mi maestro y Señor, para que de ti reciba lo que por ti me salvó”.
Todos se admiraron de la bravura y de la alegria que se estampaba en el rostro del apóstol-martir, cuando se lo entregó a los verdugos.


Y conduzió a Jesús

André morió mártir en Patras, sobre una cruz dispuesta en X. Pablo VI restituyó a la Iglesia Oriental las reliquias de San André, que se mantenían en San Pedro y fueron conducidas a Patras.
André es el primer misionero entre los apóstoles: Testifica Juan, que con él estaba en el momento del llamado (a la hora décima). Luego después del encuentro con Jesús, André testifica junto a su hermano (Simón): “¡Encontramos el Mesias!” y llévalo a Jesús.

Fuentes: Misal cotidiano, Sao Paulo, Paulinas, p.1612
Serra Clube cidade sorriso, Curitiba, ano V, nº 30, marzo y abril de 1984